Volviendo a lo viejo

Antes podía escribir artículos con facilidad. Recuerdo que cuando era pequeño, quizás unos once años cree un blog llamado «Novedades de Nintendo» en él subía las noticias de la compañía de videojuegos, solía redactarlas y luego mi fiel editora, mi mamá, las corregía. Ahora cuando pienso en ello me parece curioso como con tan corta edad había decidido abrir un blog, creo que la idea me vino de una de mis compañeras de clase, ella a sus nueve años también tenía un blog, solo que en vez de publicar noticias, escribía sobre las tareas que le habían puesto ese día en la escuela, lo recuerdo bien porque sus publicaciones muchas veces me arruinaron las tardes, yo no era (ni soy) un niño muy aplicado, así que cuando en mi casa mentía sobre si me había asignado tarea, mi mamá entraba a la pagina de mi amiga y confirmaba la veracidad de mis palabras, yo entonces pasaba a maldecir a maldito blog chismoso.

Pero como dije, creo que fue de ella que tome la idea para crear mi blog un par de años después, antes de entrar a la adolescencia, en ese entonces no escribía muy bien, pero cuando uno es niño no le importa mucho equivocarse si no divertirse, así que yo escribía con faltas ortográficas mis artículos de videojuegos y esperaba poder informar a mas personas como yo, fanática de Nintendo. Sí, podría decirse que desde los once años ejerzo mi profesión de periodista, esas son mi cualidades de Savant. Luego deje de hacerlo, comenzaba a entretenerme con otras cosas pero al final siempre volvía al blog, hay algo divertido de escribir, y desde hace uno año me ha dado por escribir cuentos, pero realmente, lo que yo solía escribir eran artículos, opiniones, pero ya no recuerdo cómo lo hacía, y si, es contradictorio el hecho de que ahora mismo estoy escribiendo este texto que es una opinión, pero si ahora me dispusiera a escribir un articulo sobre alguno de los temas que tengo en una lista, no tendría ni idea de por donde empezar y como llevar el texto. Ademas, últimamente le tengo miedo a lo que la gente piensa de mi, antes estaba seguro de mis opiniones, y quizás ante la gente que me conoce podría parecer que lo estoy, pero en realidad a medida que he ido conociendo personas con una actitud intimidante y, de cierto desprecio hacia todo lo que no entra en su causa, me cuesta creer en mis ideas, en lo que quiero ser, en las cosas de las que quiero hablar, me siento censurado.

Por eso, no sé cómo escribir artículos, se me ha olvidado, perdí esa habilidad, y ahora, después de un tiempo, quiero recuperarla. Trataré de ser fiel a lo que pienso, feliz año nuevo.

Eddy el Uber

Iba de Acrópolis a mi casa, salí de recoger una memoria con unos documentos, el día había sido largo y pesado, mi mente estaba en el aire así que desde que entré al Uber sustituí la salsa que estaba en la radio con la música de mis audífonos. 

Estuve así un rato hasta que escuché que Eddy (el chofer) me dijo algo, yo me quité un audífono y le pregunté ¿Qué paso?, Esta mujer presa y llamándome, me dijo molesto, como si hubiese acabado de perder una apuesta, ¡Presa!, le respondí yo, ¡Si sí! Me dijo el. Me quede callado y del teléfono que estaba encima de sus piernas, salió la voz de una mujer que le preguntaba a Eddy cómo había estado su día. Él le respondió que bien, y luego le dijo que estaba en un servicio, ah ya, respondió ella, si es que tu sabes que estas horas son muy fogosas entonce’ me lleno de cliente, le dijo Eddy, esta bien entonces yo te llamo mañana, le dijo la chica, Eddy se quedo mirando el celular como expectante, luego sonó el sonido de un teléfono de pared siendo colgado. ¡Coño mano! Me tiene cansada. 

Me dijo que ella quería esta todo el día hablando con él, yo le pregunte ¿Entonces ella esta presa? sí, me respondió. Me contó que ella era una mujer que se sabía buscar su dinero, por esa descripción me la imagine con unos lentes de sol y una cartera de piel de cocodrilo. Al parecer, ella hacia muchos tipos de negocios y le iba bien, me dijo que ganaba alrededor de veinte mil o treinta mil dólares, ya no recuerdo, el asunto es que un día cuando estaba en Texas en algún negocio le depositaron mas de lo que ella normalmente cobraba, si no recuerdo mal eran unos ciento veinticinco mil, y en una investigación la atraparon.

Eddy me dijo que tenía unos siete meses presa y que saldría en enero; nunca entendí muy bien si había ido a juicio o no, Eddy trataba de explicarme pero, creo que no entiende muy bien cómo funciona el sistema penal. ¿Y qué ella piensa hacer luego de que salga? Na’ seguí buscando su dinero, me dijo Eddy. Yo le dije que tuviera cuidado para que no se le pegara ningún maco y no estuviera en un lio, Eddy me dijo que no me preocupara ya que ella se iría a otro tipo de negocios. A ella le va bien en el negocio de la luz y cosas así, yo en ese momento me recosté del asiento, ah ya, le dije, ¿Tú sabes que es el negocio de la luz?, me pregunto, yo le respondí que no, es cuando ella llama a la gente que esta atrasada con sus pagos de la casa y le dice que si depositan la mita ahora tendrán un descuento con la otra parte, yo me comencé a reír, Eddy se me quedo viendo y entonces se empezó a reír. 

Me paso su celular, era un iPhone 8 rojo y me dijo que eso se lo había comprado ella. Lo ultimo que ella le había dado a Eddy eran unos cinco mil dólares, pero de esos solo le quedaban unos dos mil. Yo le respondí que todo esto era una locura, Eddy me dijo que sí, pero que ella había salido bien. ¿Tu no te entra’ un año en la carcel por ciento veinticinco mil dólares? Yo reí, enserio me dijo él, yo me seguí riendo y le dije que creía que los días en esas paredes se pasan muy lentos, Eddy me dijo que no necesariamente, y que ella, por ejemplo, trabajaba en la enfermería y cosas así. Quizás, le respondí, pero a nosotros los hombres nos envían a carceles más pesadas. 

Eddy me confeso que estaba esperando que ella saliera para que le regalara unos dos mil dólares, y así poder terminar de pagar su Hyundai Sonata. Le pregunte en qué cárcel estaba, una en Nueva York me respondió. Si ella hubiese salido en diciembre yo me hubiese puesto bonito, yo me reí, oh pero claro me dijo él, no son nada mas las mujeres que tienen que chapear a uno, bueno ya la vas a ver en enero, le dije,  se torno serio y me dijo que no, que cuando ella salga no puede venir enseguida, ah ¿Va estar en libertad condicional? Le pregunte, no exactamente, y me dio una explicación que no entendí.

Hubo un silencio en el carro, ya estábamos llegando a mi casa, y Eddy me dijo que igual el no quería verla, ¿No? Le pregunte mirándolo a los ojos por el retrovisor,  No, es que esa mujer esta loca, ella dice que se quiere casar conmigo pero a mí no me gusta. Le pregunté a Eddy si era bonita, y el me dijo que si, me la describió con diminutivos bajita, flaquita, blanquita, con el pelo cortito, pero me dijo que eso no importaba, que ella hablaba y molestaba mucho, esta es la décima vez que me llama hoy, ademas, ella es como media mongola, yo me reí y le dije que tal vez pero que se ve como una muchacha interesante ya que debe tener muchos crímenes que contar, Eddy me dijo que no, que estaba cansado de hablar con ella y que le hiciera los mismos cuentos de la carcel, toy harto de ella. 

Doblamos en la esquina y me dijo que el GPS le indicaba que era por aquí, yo le señale el árbol que uso como referencia para los Uber, se detuvo nos despedimos y le desee suerte con su asunto. 

El frutero

No había una sola nube en el cielo, el sol quemaba en el pequeño patio de Vanesa mientras ella se fumaba un ciga4rrillo, sentada en su sauna, con un traje de baño de dos piezas, usando su celular color rosado pálido, como el esmalte de sus pies, como el de sus manos.

Vanesa estaba haciendo hora antes de irse a un brunch con sus amigas. Iba por el tercer cigarrillo cuando escucho movimiento en las arboles de sus vecinos. Dio una mirada rápida, pero al instante volvió a bajar la cabeza hacia su celular rosado entonces, volvió a escuchar las hojas moverse y al instante el sonido de goma de unas chancletas en el piso y cuando volvió a levantar la mirada se encontró a un negro tan oscuro como el café, que días después recordaría como el mas feo que había visto en su vida, vestido solo con unos pantalones cortos, sin camisa, con una cara que a Vanesa le pareció en ese momento estúpida, mirando hacia todos lados, con la bemba abierta al observar el ostentoso patio. Vanesa se puso de pie al instante dejando caer el celular en el agua. 

— Doña  — oyó decir al haitiano — compleme un fruta polfavol. 

— No, no, yo no quiero ninguna fruta, ¡ahora salte de mi patio! – dijo con todos los músculos de su cuerpo comprimidos.

— Ay doña, ye ne tengo dinero, compleme un fruta – repitió  el negro acercándose ahora a Vanesa.

Vanesa salió del sauna, corrió hasta la casa y se encerró, el negro que le había seguido se estrelló contra la puerta de hierro. 

— ¡Negro del diablo váyase de mi casa o voy a llamar a la policia!

— Doña comple un fluta pol favol que tengo hambre, comple un fluta, comple un fluta — comenzó a repetir el haitiano mientras daba golpes a la puerta. 

Vanesa estaba recostada contra la puerta, no se quería mover del lugar, tenia miedo de que el negro se metiera a la casa y la matara. En medio de sus exaltados respiros pensaba en ellos, en esos azarosos, la mierda de la humanidad, “ojala los quemen a todos” se decía. De repente, dejo de oír los golpes en la puerta, aunque lo seguía escuchando repetir que le comprar una fruta. Escuchó el sonido de las chancletas alejarse, y luego al haitiano entrar a su sauna. El negro repetía:

— Ta buena la piscina, comple un fruta doña, comple un fruta.

Con los pulmones queriéndoseles salir del pecho, se fue corriendo a la cocina, y llamó a la policía.

—¿Hola? ¡Ayúdenme un negro se metió a mi casa! ¡Está desnudo, me quiere matar!

Vanesa escuchaba los chapoteos de agua sucia del aroma del negro que luego tendría que botar, y limpiar el sauna, el patio, cepillar la puerta; pensaba en la fronteras y lo inútiles que eran. Comenzó a llorar, sus manos acariciaban su pelo. Con un pañuelo de la cocina se seco las lagrimas y entre sus quejidos se colaron las sirenas de la patrulla. Abrió la puerta por la que entraron dos rinocerontes mulatos, los guió hasta la puerta de metal. El negro seguía dentro del sauna repitiendo que le compraran frutas y que la piscina estaba buena. Al haitiano ver los dos rinocerontes se paralizo como un ciervo frente a un león y luego, salió corriendo de la piscina hacia el muro por donde vino, pero antes de poder escapar uno de los hombres sacó una pistola, y le disparó en el pie.

— ¡Ay me duele me duele, mi pie, mi pie! — Lloraba y gemía el haitiano rompiendo el silencio del vecindario mientas se agarraba su pie lleno se sangre. Parecía un niño pequeño. 

Los mulatos lo agarraron de las manos, y arrastrándolo hasta la camioneta lo tiraron dentro del baúl como un saco de arroz, se despidieron de Vanesa, se montaron en el vehículo y se fueron. 

Vanesa ya no tenia su pecho apretado, se sentía libre, como si pudiera saltar hasta la estratosfera. Entró a la casa y volvió al patio. Era un desastre. Con la manguera de alta presión limpio las manchas que quedaron en el suelo. Sacó su celular del agua y se fue a dar un baño caliente y a arreglarse para su brunch. 

Mientras se duchaba pensaba en los negros, en los haitianos, en que había que limpiar a esa raza de monos, con sus bembas grandes, sus narices de gorila, que esa gente debía volver a ser esclava, ella misma tendría una de esas negras trabajando en su casa, pero le prohibiría hablar su idioma y no podría mirarla a los ojos, feos los negros esos pensaba. Salió del baño y se seco con su toalla, se puso un vestido rojo y se posó frente el  espejo para ponerse sus pendientes color rosados; al verlos pensó en su celular rosa, tendría que comprar otro, miro el rosa del esmaltes de sus pies y sus manos, suspiro de alivio y finalmente vio su imagen reflejada en el espejo, en él se veía reflejada una mujer negra, con los lóbulos caídos, cabello crespo corto, y unos labios carnosos grandes, luego apago la luz del baño y se fue. 

Papi y yo

Hace unos días murió mi papá en su cama luego de una larga batalla contra el cáncer. Hoy en la mañana recibí una caja de cartón que me había dejado para ser abierta después de su muerte, con una nota que dice “Mi verdadero yo”. No sé porqué entre todos sus hijos me eligió a mi, pero se me salieron las lagrimas al ver la caja.

Mientras manejaba hacia mi casa en medio del horrendo tráfico que tiene mi país, solo pensaba en la caja. Tenía varias ideas de lo que podía hallarse dentro, yo conocía a papi bien, mejor que los otros. Quizás dentro se hallaban los discos que recordaba haber escuchado con él los domingos durante mi niñez, bajo la luz anaranjada de las tardes, esas voces roncas de Charly y Sabina.

También entre los discos podrían estar las llaves de su viejo cepillo gris, que había mantenido consigo hasta el final con tanto amor. Nosotros solíamos meternos dentro de él como sardinas, chocando los codos y riéndonos de todo, hasta que papi nos gritaba que nos estuviéramos quietos.

Tal vez se encontrarían sus álbumes de fotos ya destrozados y su Olympus con el lente roto. Papi era fotógrafo, llegó a trabajar en la escuela, era muy cariñoso con todos mis amigos, algunas veces hasta llegue a pensar que en exceso. Hasta que se pudo mantener en pie llevó acabo su trabajo. Lo puedo recordar aun en los pasillos, sonreírle y abrazarlo cuando se encontraba haciendo su trabajo, escuchaba las burlas de algunos de mis compañeros, pero me daba igual. Amaba saludar a mi viejo, con sus rizos hasta el cuello, y su bigote ochentero.

Papi me acompañó en todos los momentos importantes de mi vida, la primera vez que fui a la escuela, iba siempre a los eventos militares del colegio donde le marchábamos a la patria, él era el único que derramaba lágrimas de los papás que estaban presentes. Me llevó a comprar mi primer traje, y fue mi padrino de graduación. Papi gastó todos sus ahorros para poder pagar mi universidad. En las noches llegaba malhumorado, ni siquiera nos saludaba, pero siempre me partía el alma verlo llegar tan tarde, gordinflón con la espalda rota de tanto trabajar, e irse a la cama a trompicones.

Leía mucho, quizás dentro de la caja también se encuentren sus libros favoritos, los de Borges, alguna edición con imágenes del Quijote, los cuentos de Cortázar que me hacia que yo le leyera cuando estaba en la cama en sus últimas, aunque yo no los entendía. Era el hombre más inteligente que conocía, me respondía siempre todas mis preguntas y me ayudó a resolver las encrucijadas mas grandes después de adulto.

Cuando me entere del cáncer se me hizo un nudo en el pecho hasta el día de su muerte. Mi esposa, Valeria, me ayudaba, ella sabía lo que significaba papi para mi, para ella también había sido un buen suegro.

Lo recuerdo en su cama, ya sin pelo, sonriéndome, agarrándome por el brazo y sacudiéndomelo con el ultimo hilo de voz diciéndome: “De mi no te preocupes, yo estaré bien, cuídate tu y procura ser lo que yo nunca logré”. Lloré como un bebe. Me tiré al borde de su cama mojando las sábanas mientras él me pasaba la mano entre mis rizos.

Llegue a la casa, parquee el carro, abrí el baúl y saque la caja de cartón. Valeria no estaba en la casa, y fue mejor, prefería estar solo para disfrutar su contenido. La caja parecía que había sido sellada hace poco porque estaba en perfecto estado. La puse en encima de la mesa y con una navaja corte los amarres. Los ojos quisieron salirse de mis órbitas al ver, el montón de fotos desnudas de todos mis amigos de la infancia.

Amor de Flores

La amé con todo mi corazón, no hubiera podido dejarla nunca, aunque Dios mismo hubiese bajado del cielo a ordenarme que me alejara. Hubiera muerto por ella, por sus besos, sus caricias, y esa mirada. Era simplemente un sancocho de emociones, toda mi atención estuvo en ella desde que la vi. – le decía Flores acostado en la camilla junto al escritorio de Don Pedro.

Quiero que me cuentes la historia, y no me excluyas detalles. Tal vez pueda ayudarle Flores, dónde dices que conociste a la chica- Preguntó el Don Pedro con una cara que delataba la monotonía de la entrevista.

¡No Don Pedro! Usted se equivoca, eso no lo digo yo, eso fue lo que pasó, por lo tanto, es narrado por la realidad, una que es ineludible. ¡Ay! si tan solo usted hubiese estado ahí. Estaba yo bebiéndome una presidente, en el barcito ese de la Zona Colonia, cuando apareció ella y me dejo sin aire, ni siquiera eso, me dejo sin tiempo, sin la fluidez de los minutos, todo pasó tan lento cuando la vi atravesar el dintel , qué se yo cuando tiempo pasó, pero lo que si recuerdo es que se me había calentado la cerveza para cuando volví a tomar de ella. Esa mujer fue enviada del cielo, y pareció ser que Dios me dio ojos nada más a mi para apreciar esa figura moldeada por el mismo. Fue ahí entonces, cuando me tuve que poner de pie Don Pedro, ¡Tenia que sacarla a bailar o algo!, yo no podía dejar que se me fuera un mujeron como ese.

Me le acerqué, y le pregunté con el mayor tigueraje que pude sacar de una presidente, si quería bailar conmigo, y ella, ¡ay! ella tan hermosa se negó, fue un no tan rotundo que me hizo sentir su poder, “esa si es una mujer”, pensé en ese mismo instante, fue el rechazo más hermoso que me ha tocado vivir, no pude quedarme con los brazos cruzados y conformarme, así que le rogué, le dije lo todo que había sentido por ella desde el momento que la vi, y cuan mucho quería que bailáramos, le pedí que me diera la oportunidad de tenerla en mis brazos aunque fuera solo esa noche, y sabe qué me dijo Don Pedro, ¡NADA! Su indiferencia si me dolió hasta el alma, y ahí si fue que tome la decisión.

Hubo un silencio en la sala, Don Pedro espero que Flores continuara, pero este se quedo con la mirada atascada hacia el techo.

¿Y que hizo usted entonces? – Preguntó Don Pedro interrumpiendo el silencio. Mientras se ponía de pie para calmar la ansiedad que comenzaba a sentir.

¿Qué hice yo pregunta?, ¡pero si usted ya sabe! ¿Para qué quiere que le cuente? Me senté en una silla cerca de ella a contemplarla, la mire fijamente por un buen rato, compré unas cuantas cervezas más, luego la vi como se puso a bailar a con sus amigas y entonces ahí yo si comencé a pasarla bien, viendo esas nalgas menearse toda la noche, ella se movía como debía de moverse ¡Ay mi santo! No se como resistí tanto tiempo, pero entonces quizás a una hora de ella estar bailando se dio cuenta de que la estaba mirando, se lo dijo a sus amigas, ellas me dedicaron par de reojos y se fueron, ahí si fue que me deprimí Don Pedro, me raje a gritos ahí mimo, no me importaba que la gente se me quedaran viendo, estuve sentado un rato terminándome de beber la ultima Presidente y entonces salí y reviví, no se había ido, estaba en el parquecito de el frente, con unos amigos de ella, riéndose, ¡ay esa risa que me hizo daño, me tire en la misma acera debajo de los carros para que no se me asustara y se me mandara corriendo.

¡Ay! Flores que fue lo que le paso hijo mío– Dijo Don Pedro mientras se apoyaba de la mesa y se masajeaba la cara con sus manos.

¡Es que usted no entiende! Yo lo disfruté, en mi nariz había un olor a amor, cerveza y asfalto, nunca había metido tal manjar por mis fosas nasales, todavía si cierro los ojos puedo sentirlo un poco. En fin, ya se estaba poniendo tarde Don Pedro, eran ya como las tres y media y ella se paro para irse a su casa, “¡diantres!”, pensé yo en ese momento, no la podía dejar escapar, no, después de todo lo que habíamos estado juntos. Entonces me decidí a caerle atrás. Al principio pensé que ella se iría sola, pero una amiga se le pego al lado, eso si me molesto, pero no había problema, ella me la tendría que prestar. Doblaron en la primera esquina y caminaban calle abajo hacia el conde, para mi lo increíble era lo vacía que estaba la calle a esa hora, Don Pedro usted debe de entender que fue Dios que me puso esa calle tan solita. Mi grandiosa mente ideo un plan en ese instante, y decidí de una vez apurarme mientras ellas cruzaban por un callejón perpendicular a la acera, y entonces agarre una botella Jumbo de esas que estaban al lado del zafacón de la esquina y se la rompí en la cabeza a mi bella dejándola inconsciente, y antes de que la cacata esa de su amiga pudiera hablar, le enrosque mi brazo en su garganta y se lo tape para que no dijera ni una palabra, ¡ay! Todo estaba saliendo tan bien que me emocione y cometí el primer error, saque la suiza y le di unas cuantas apuñaladas, ¡pero le juro Don Pedro que mi intención no era matarla!

¿! Por qué Flores!? ¡Su primer error fue no quedarse con el primer no que le dieron! – Le reclamo Don Pedro como un padre desesperado reprochándole a un hijo.

¡Escúseme Don Pedro! Pero si usted hubiese andado por ahí esa noche, usted también se atreve a hacer esa hazaña con tan de tenerla a ella.

¿Y entonces que fue lo que hizo? – Pregunto Don Pedro mirando a cualquier lado del cuarto sin querer ya mirar a Flores.

Pues que mas hice, esa historia esta contada, agarré los dos cuerpos y los arrastré pa’ dentro del callejón, la cacata esa la tiré en túmulo de fundas negras de basura que había por ahí, y mi bella, la recosté del piso de la forma más delicada que me fue posible, me persigné antes de  comenzar a comerme a ese manjar, le corté uno de  sus hermosos senos con la navaja suiza y me lo fui comiendo despacito; ¡Se lo juro Don Pedro, si usted hubiese estado ahí, le hubiese convidado un poco, se me había olvidado llevarme sal, pero, a decir verdad, más salado de ahí  y se me hubiese quitado el gustico. Le di unas cuantas caricias, la encuere y me comencé a masturbar, pero como a los cinco minutos ella abrió los ojos, entonces la apuñale en el cuello y seguí en lo mío.

Hubo otro silencio en la sala, Don Pedro se había volteado en dirección a Flores, y ahora lo miraba fijamente. Veía sus ojos blancos, sin vida, los de un hombre que había perdido todo sentido de la humanidad.

¿Y luego? — Pregunto Don Pedro ya sin deseos de que Flores le siguiera contando la historias.

La policía esa vino a fuñirme la noche, ¿es que esos azarosos monos no tenían más nada que hacer? Me puse de pie con la ropa manchada de sangre y fui corriendo al Conde antes de que pudieran verme, seguí bajando hasta el Malecón, pero ahí vino un animal en una patana y me batió durísimo.

Don Pedro se le quedo mirando, no era miedo lo que sentía, tampoco estaba incómodo, ya estaba acostumbrado a escuchar este tipo de relatos, era simple y llanamente pena.

En ese caso pues hermano, lamento informarle que, no podremos recibirlo por aquí. – Dijo Don Pedro mientras se sentaba en la silla de su consultorio.

En ese momento generalmente escuchaba las suplicas desesperadas de las personas, sus gritos, sus llantos, pero Flores se quedo callado con sus ojos muertos viendo el cuadro de la ultima cena que tenia Don Pedro en su consultorio.

El abismo

Recuerdo ese día como si fuera ayer, estaba asustado, pero más decidido que en muchas otras situaciones, me imaginaba que sería solamente una vez, la razón era simplemente, dejarme llevar, probar.

Uno de los que se encontraba ahí era el más experto, su tranquilidad implantaba confianza en mí, él fue el que me hiso decidirme, al principio pensé que sería yo solo, pero él me demostró cómo era, que tenía que hacer, luego fue mi turno, lo hice mal, las primeras dos veces, pero la tercera di en el clavo y fue horrible ¿A quién se le ocurriría hacer esto? Eran incendios que estaban cerca de mi clavándome cuchillos, pero antes de que me diera cuenta, la noche me había vuelto un experto, las personas me miraban sentado con las piernas cruzadas ocupado en mis asuntos, algunos querían que le enseñara, y otros se conformaban con sentarse alrededor de mí, como si fuera el mismo Jesucristo proclamando la sabiduría a los doce apóstoles.

Salí victorioso, fui recordado, pero ahora tiempo después no estoy seguro como esa sombra de mi pudo llegar hacer tan vulnerable, pero alguna u otra forma lo entiendo, y me compadezco del yo de ayer, el problema es que no todos son capaces de ver la claridad de las cosas, muchos todavía se encuentran en el abismo, algunos se mueren ahí, otros creemos haber salido de él. Todos los días veo personas por la misma situación, sin embargo, no sirve de nada que los ayude, ya que el que me hubiese tratado de ayudar en ese entonces no hubiese encontrado sabiduría, sino incoherencias en mis ojos.